Vida

Me meto en el blog y veo que hoy alguien ha llegado hasta él porque ha tecleado en Google “Sushi hecho con arañas”… ¿?¿?. Desde luego que la araña de Google tiene que estar hecha sushi para que alguien que teclee eso en su ordenador acabe en mi blog. En fin. Escribo esto a deshoras y a traición, como se debe escribir todo lo importante. Se acabó. Sí, tal como lo leéis. Yo, el mismo que os ha contado cómo ha llorado de emoción encima de su bici, el mismo que ha suspirado por cielos altos y claros para dar tumbos hasta el anochecer y, en suma, el mismo que vivía única y exclusivamente para montar en bici, lo dejo. A mi espalda está mi bici de enduro, que está en venta. Hace unos días vendí la de freeride. Y, en realidad, no tengo mucho más que decir, salvo que una lesión recurrente me mantiene apartado de esos senderos por los que tanto he suspirado. Pero volveré. Y lo contaré aquí. Lo prometo.

Ops!

Virgen santa… ¿habéis visto? Ya no se me ocurren más adjetivos para calificar el curro de los chicos del Coastal Crew. Brillante (una vez más).

[vimeo]http://vimeo.com/26663831[/vimeo]

 

Stress

Es el fin. Apenas tengo tiempo para montar. Sí, sé que “lo primero es lo primero” pero lo cierto es que, a día de hoy, apenas saco algún hueco durante la semana para senderear por esos caminos de dios (y de cabras). Me ha pasado lo que siempre he criticado: que el trabajo me quita tanto tiempo que apenas me queda tiempo libre para montar en bici, al menos de momento. Y los fines de semana la cosa no anda mucho mejor: unas colaboraciones periodísticas con un medio online de fuera de Madrid (aunque trabajo desde casa), impiden que disponga de suficiente tiempo libre como para montar todo lo que me gustaría. Dicho con otras palabras: el verano pasa, la hierba agostea, los arroyos se secan y el polvo aguarda en los caminos y yo sigo aquí, entre cuatro paredes, casi sin poder disfrutarlo apenas. En fin.

Nietzsche dijo una vez “la vida sin música es un error”. Estaba equivocado. Como vosotros sabéis, lo que quería decir era “la vida sin bicis es un error”. Todo el mundo lo sabe.

Me gusta

Aunque no viene al caso, acabo de darme cuenta de que, afortunada o lamentablemente, no soy solo un usuario de mi marca de bicis de monte. Hace poco, en un foro, escribí: “Hay bicis de monte… y luego está X” (aquí mencioné el nombre de mi marca favorita). Una bici no te hace mejor ciclista de monte, eso seguro. Siempre que cumpla unos mínimos requitos, te lo vas a pasar igual de bien con una bici que con otra. En mejor ciclista de monte solo se convierte uno entrenando duro y mordiendo el polvo cuando es necesario, pero lo cierto es que, al final, nuestra bici es algo más que una simple herramienta. Nos unen con ella lazos de sangre, y vosotros sabéis a qué me refiero. En fin, ayer mismo, en un seminario agotador sobre SMO al que estoy asistiendo estos días, me pusieron este vídeo y en lo que pensé desde el primer segundo fue en ella… ¿es normal?

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=KfprZg2OEe4[/youtube]

Fortitudine Vincimus

Hay un alpinista español que se llama Carlos Soria. Pues bien, Carlos acaba de hacer cima, con oxígeno suplementario, en el Lhotse, como muchos sabréis. El Lhotse es un ochomil que comparte collado con el Everest y que, quizá gracias a ello, es relativamente poco conocido. A mí, en particular, no me gusta el carácter algo bronco que se gasta el alpinista abulense, pero le admiro y me sorprenden sus expediciones por algo singular:  Carlos cumplió 72 años en febrero. Sí, habéis leído bien, acaba de hacer cima en el ochomil chino-nepalí con la setentena ampliamente superada y con una fortaleza física y mental que es, a todas luces, extraordinaria. El hecho es aún más asombroso si tenemos en cuenta que nueve… ¡nueve! de sus once ochomiles los ha coronado con más de sesenta años… ¿y este tío no sale en la tele? Pues no. O a veces sí, pero no tanto como debería.

Hace unos días lo comenté con mi hermano:

– ¿Tío, tú te imaginas con 72 tacos bajando a tumba abierta por un bikepark?

– ¡Jajaja! Ni de coña, tendré las articulaciones o la espalda ya reventadas…

– Joe, mira a Carlos Soria, es un ejemplo a seguir…

– Ya, pero es un deporte diferente…

No sé si es un deporte diferente o no. Bueno, si lo sé, pero no viene al caso. Lo que también sé es que como tanto mi hermano como yo derrochamos PASIÓN por nuestro deporte y por nuestro estilo de vida, quiero que cuando nos llegue la hora de descender hacia el frío nos llegue dando tumbos por ahí. Quiero que nuestra sangre riegue algún sendero y nos demos el piro allí mismo. No se me ocurre un sitio mejor. Pues nada, aquí queda dicho… ¡saludos a todos!

Foto: Col. Carlos Soria

Tardes malditas

Quizá el ciclismo de monte es brazos embadurnados de protector solar mezclados con el sudor propio de montar en bici una tarde abrasadora de verano sumado al polvo adherido de los caminos y a los hilos de sangre de alguna caída reciente. A veces, de hecho, es eso: miras tu brazo brillante y compruebas cómo la sangre se está mezclando en ese instante con sudor, crema solar y polvo recién posado y pequeñas piedrecillas incrustadas en tu carne. Al mismo tiempo, el sol te quema de manera implacable y de fondo oyes chicharras, a la vez que percibes la soledad del momento si exceptuamos las moscas que se empiezan a posar en tu herida. En realidad, si te acabas de levantar del suelo, lo primero que sientes es la soledad, aunque vayas acompañado: ya no eres el que eras hace un momento; ese tipo se quedo atrás y, al menos por hoy, no volverá. Además, levantas la vista y compruebas que ahora ves todo amarillo, que es a la vez el color del dolor y el del monte en esta época del año. Bueno, en realidad a veces todo lo que ves al levantar la vista del suelo lo ves en blanco y negro, aunque sea primavera. Sí, el ciclismo de monte a lo grande a veces es eso: una mezcla de regusto amargo de soledad, un sabor metálico inidentificable y polvo en los ojos. Eso sí… al aire libre.

Amigos

Estas fotos me las hizo un colega en la última ruta larga que hice, hace ya algunas semanas. Apenas tengo fotos mías montando en bici, porque suelo hacerlo solo o con colegas tan competitivos como yo y, por lo tanto, ni llevamos peso extra ni paramos para tirar fotos. Solemos solucionar nuestras cosas a dentelladas, apretando los pedales y sudando sangre. Si alguno de nosotros muerde el polvo, mostramos interés, claro, pero sólo el justo. Saludos desde aquí para mi más temible enemigo, Rodrigo. Como podréis entender es también, gracias a esos momentos, uno de mis mejores amigos.  Pero este día fue diferente. Fue un día de colegueo, bocatas y charlas. Un día primaveral, con nieve en las alturas, agua en los valles, niebla y también sol. Un día con colegas pero de tranqui. Fue en las cercanías de Rascafría, un pueblo serrano de aquí de Madrid.

Escribo esto con cierta nostalgia, porque es domingo y estoy en casa. A mi todavía convaleciente rodilla se le ha sumado un catarro tardío que me tiene moqueando y algo aturdido, además de con unas décimas de fiebre. Un domingo perdido, por lo tanto, si no fuera porque en un rato hay prueba de la WC, como ya sabéis, y la cosa se hace más llevadera. Por lo demás, la tarde se espera algo más movida: unos encargos con algo de atraso me esperan en el ordenador, aguardando para ser liquidados. Pero, en fin, es domingo y supongo que mientras yo escribo estas líneas vosotros andáis ahí fuera, cruzando arroyos y levantando polvo, cegados por el sol… en unos días me reúno con vosotros… ¡disfrutadlo!

Fotos: David López Portela

Estupor

Esta es, quizá, la imagen de los últimos días dentro de este mundillo. Hace sólo un año hubiera sido absolutamente inesperada; mucho advenedizo para un podio de la WC.  En lo más alto, todo un caballero: Greg Minnaar. Lord Minnaar. Entre los que le rodean, sólo otro habitual del champán y los ramos de flores: Gee Atherton. A diestro y siniestro, forasteros de la más diversa condición que no sabemos si están allí por azar, suerte o verdadero mérito. ¿Han llegado Gwin, Hart y McDonald para quedarse o solo son nubes pasajeras? El primero parece que sí, los otros dos puede que, en apenas cuatro minutos, hayan alcanzado el mejor momento de sus vidas y, a partir de ahora, todo vaya para abajo. Y ellos sin saberlo. Pero… ¿Y si no? ¿Y si esa imagen es el fin de un ciclo, de una era memorable del descenso, y anticipa la llegada de sangre nueva a los podios de la WC? ¿Cómo reaccionarán Hill, Peat y Barel, por mencionar sólo a algunos old school, el domingo que viene en Leogang, Austria? En cualquier caso, todo un espectáculo para los que seguimos la carrera en directo. Incluso perdoné la siesta, con eso os digo todo… ¡Saludos!

Foto: Leopold Alcocks

Padre sólo hay uno

Ese tipo raro de la foto no está loco, aunque pueda parecerlo. Es él, el gurú. Es Gary Fisher, el padre de la bici de monte. Y nuestro padre adoptivo, por lo tanto. Resulta fácil y cómodo que tenga cara quien inventó esa máquina de fabricar adrenalina que es nuestra bici, así podemos quedarnos tranquilos al comprobar que el tipo tiene un gusto exquisito y está vivo, lo que no es poco. Él suele decir “si montas en bici eres mi amigo”. Pues eso.

Vida

Acabo de terminar de leer Ciudad de Dios, de Paulo Lins. Llegué hasta el libro porque me lo recomendó mi hermano, que vio hace ya tiempo la peli y le gustó mucho. Hasta aquí todo normal, excepto porque es un libro imprevisible, exótico y brutal. Es un libro extraordinario y revelador. Es un libro basado en hechos reales y que nos muestra la vida en una favela brasileña tal y como es: implacable, caótica, accidental.

Al cerrarlo, me vino a la mente un webisodio ya algo antiguo de los Atherton, en el cual Dan y Gee visitaban Río de Janeiro para participar en una prueba urbana organizada por Red Bull, el Red Bull Desafio no Morro (algo así como “Desafío en la Colina”), donde ellos y otros pros de la WC competían entre sí en las calles de una favela para llegar en el menor tiempo posible abajo; es decir, como en la WC pero en territorio hostil. Aunque al principio a ambos se les nota tensos y, en cierta manera, fuera de lugar, acaban intercambiando regalos y visitando a los habitantes de las humildes favelas en sus propias casas, además de reconociendo que, al final, cada carrera de la WC es exactamente igual que la anterior, y que en cambio esto no tiene nada que ver. Son sin duda imágenes impagables e insólitas. En la segunda parte del vídeo nos enseñan su casa, sus trails y la mina abandonada que frecuentan. Si os digo que los saltos que vais a ver en esta sección merecen mucho la pena, sin duda me quedo (muy) corto. Juzgad por vosotros mismos.  

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