Amistad… y libertad

Jose-Luis-PirineosA uno de mis mejores colegas casi nunca le veo. Es una pena, porque le quiero como a un hermano, le añoro como a los tiempos pasados  y, lo que es mejor, hemos conocido juntos momentos grandiosos en bici. Durante algunos veranos, tuvimos la sana costumbre de irnos a recorrer la geografía española a la búsqueda de rutas épicas que hacer con la bici de monte.  Se llama José Luis y, cuando nos conocimos, él no montaba en bici. Cuando me comentó su idea de hacerse con una yo pensé “Oh no, me da pereza enseñar a montar a alguien”. Afortunadamente, un amigo común le regaló una antes de que yo me pudiera escabullir y tuve la oportunidad de enseñarle a montar. Aprendí varias cosas: que soy un profesor nefasto,  que montar bien en bici no es tan fácil como parece y que es difícil hacerse con un amigo de los de verdad… pero que cuando lo consigues es extraordinario. Para mí fue un honor enseñarle. Ya tiene poco que aprender de mí, lleva muchos años montando y se defiende muy bien en todos los terrenos. Sólo le queda practicar, practicar… y practicar. Los tres consejos que nunca fallan. Mis tres consejos favoritos.

Esos veranos en los que dimos el puñetazo en la mesa y nos pusimos en la carretera fueron inigualables. Aquellos viajes eran de lo mejor del año. Y se los debo a él, que me convenció para hacerlos, mientras yo sólo pensaba en bajar y campillear, bajar y campillear… me llevó de los pelos, como quien dice.  Los preparábamos cuidadosamente y no solía fallar nada, aunque no faltaban a la cita los nervios de última hora, las compras imprevistas y, claro, las dificultades para encontrar alojamiento en algunos de los sitios remotos a los que nos gustaba ir. Todo comenzó un verano en la frontera entre la provincia de Burgos y Cantabria, en un poblacho llamado Salazar, en una larga ruta que incluía el célebre (y creo que ahora ya impracticable) Túnel de la Engaña y acabó tres veranos después en los Picos de Europa, en una ruta épica que casi acaba con nosotros y nuestras bicis en el fondo de la Garganta del Cares… o en algún collado a nosécuantos metros de altitud.  En esos tres años nos dio tiempo a rutear por Madrid, Segovia, Guadalajara, Navarra, La Rioja, Huesca y sus Pirineos, Asturias, Orense, Lugo y los ya citados Burgos, Cantabria y León. Y creo que me dejo alguna provincia en el camino. Para preparar esas rutas entrenábamos duramente toda la primavera y el verano, así que todo solía salir bien. Por esos caminos de dios, entre otras cosas, nos llovió, nos perdimos, se nos hizo de noche, nos quedamos atascados en el barro, nos alojamos en tugurios, escaseó la comida… En otras palabras: lo pasamos bien. 

YoQuizá por nostalgia y para qué negarlo, porque era un reto de altura, el año pasado decidí repetir en solitario la ruta más dura que hicimos juntos. Es una ruta pirenaica, que parte de las cercanías del pueblo de Bielsa, sube a casi 3000m de altitud, suma unos 80 km de verdaderos caminos de cabras y 2800m de desnivel acumulado. Cuando la hicimos juntos tardamos 13 horas en completarla. El año pasado se me ocurrió endurecerla un poco más, por eso de ir un poco más allá, y la cosa estuvo a punto de salir mal: anduve perdido varias horas por fiarme de un mapa ya algo antiguo y casi me alcanza la noche. Al final encontré el camino correcto y tuve suerte: llegué de vuelta al pueblo cuando ya casi no había luz y mi novia se planteaba seriamente si acercarse al cuartel de la Guardia Civil a intercambiar unas palabras con ellos sobre el asunto. La verdad es que yo lo pasé bien, a pesar de que se me saltaran las lágrimas en la orilla de un ibón de montaña por la tensión acumulada de todo el verano entrenando para ese momento, de lo exhausto que estaba por tres horas seguidas de durísima subida hasta allí y porque, ocho años después, Jose no estaba allí conmigo para celebrarlo. La ruta, para bien y para mal, iba a ser en solitario. 

Que yo ahora haya podido colgar fotos aquí de alguna de aquellas rutas también es culpa suya, porque cada vez que él decía que le parecía una buena idea llevar cámara de fotos yo insistía en que era mejor no llevarla para reducir peso y para evitar paradas innecesarias. Afortunadamente no me hizo caso, y ahora lo celebro cada vez que las echo un vistazo. Ya lo he dicho antes: he aprendido mucho de él. Y estoy seguro de que seguiré haciéndolo.

B.S.O. Overture, Patrick Wolf

Ride hard!

Piko!En estos días pasados hice mi primera salida del año, aunque ya estemos casi en febrero. La verdad es que hubo un día hace un par de semanas que también salí a montar, aunque ese no lo tengo en cuenta, porque se puso a llover y a la media hora de estar pedaleando volví a mi madriguera, a meterme debajo de la manta y a leer a Bryson, que es uno de mis favoritos. Total, que ayer salí con la bici de enduro a desoxidarme un poco y hacer un poco el cafre, y mañana saldré con la de freeride, a recuperar de nuevo la verdadera sensación de velocidad. Espero no morder el polvo. En fin, que hoy he andado montando nuevas cubiertas, cambiando piezas algo desgastadas y revisando presiones y tarados de amortiguadores. Detesto mecanicar, pero es lo que toca si no quieres dejar tu bici en manos de algún inepto mecánico de los que ya sabéis y que te la devuelvan igual o peor de lo que estaba, qué os voy a contar…

La salida endurera fue bien. Corta pero intensa, en un día soleado y frío, aunque nada ventoso, con el suelo escarchado y duro. Como el clima no invitaba a salir, apenas me encontré a nadie por los senderos y pude montar en soledad, a pesar de que llevé el móvil encima, algo que nunca hago. Y menos si quiero montar solo. Solo es solo. Mañana, con la bici de freeride, montaré con mi hermano y quizá con un colega. Mi hermano ha cambiado de bici de descenso y quiere probarla a fondo, así que haremos unas bajadas por los caminos por los que merodeamos a menudo  y a los que nosotros y otra serie de gente hemos hecho una serie de saltos y peraltes para hacerlos más rápidos y divertidos. Hemos incluso llegado a ir de noche este invierno para trabajar en ellos, dado que no disponíamos de tiempo durante el día. Aquella noche de diciembre, caminando por la estrecha senda a la luz de la luna llena, mi hermano con un pico a la espalda y yo con la pala, y con nuestras sombras proyectándose deformadas en el suelo, pensé que dabamos más pinta de sepultureros o de enterradores que de campilleros. Yo no me habría fiado de dos tipos como nosotros. Fue una buena noche… con un frío de mil demonios.

Ya es mañana

Continúo escribiendo hoy, el “mañana” de los dos párrafos anteriores. El despertador ha sonado hace apenas media hora y dentro de dos he quedado con mi hermano al pie de una de nuestras bajadas favoritas, corta pero erizada de saltos y retorcida y curveada. En la cocina me espera un tazón rebosante de muesli y zumo de naranja. Los rumores dicen que Sam Hill prefiere el Monster Energy para desayunar; yo soy más tradicional. En fin, que voy a hincarle el diente a ese delicioso muesli (Grrrrrrr!), a ultimar la bici y a vestirme, aunque reconozco que me da pereza. La mañana, como es normal en estas fechas, ha amanecido fría y dura, aunque apenas hay nubes y las previsiones dicen que no lloverá ni hará viento. Todo indica que es un buen día para la bici de monte… Deseadme suerte. Y ya os contaré, claro.

B.S.O:  L.E.S. Artistes, Santigold

Crónicas de una ciudad tóxica

Mañana-invernalYo vivo en Madrid, pero de espaldas a ella, como quien dice. No me gusta esta ciudad, y creo que ya he explicado en algún momento el porqué. A pesar de ello, esta mañana he caminado un rato por el centro, que no me pilla lejos de casa. No ha sido mucho, quizá 30 ó 35 minutos. Era una mañana soleada, de cielo despejado y de temperatura fría, aunque soportable. No llevaba mucho tiempo caminando cuando me he dado cuenta de que si me desviaba un poco de mi camino podría echar un vistazo a la tienda donde, hace ya casi 20 años, compré mi primera bici de monte, esa de la que ya os hablé en otra entrada. Así que lo he hecho. Un ligero desvío y ya estaba frente al escaparate. Tenía poco que ver con el de antaño: ya no se exhibía un maillot de Alpinestars blanco y amarillo chillón, ni piezas anodizadas en violeta, ruedas lenticulares Tioga o mi horquilla de suspensión favorita por aquel entonces: la Manitou Three.

Como tenía tiempo, he pensado en alguna pregunta que hacer al tendero (que creo que ya no era el mismo) y he cruzado la puerta, por el solo hecho de husmear un poco, saborear la nostalgia, y aspirar ese olor que alimenta: la mezcla de goma de neumáticos, grasa de taller y ropa por estrenar que emanan todas las tiendas de bicis. No necesitaba comprar nada, pero quería ver echar un vistazo e intentar recordar cómo fue esa mañana lejana en la que salí de allí con mi primera bici de monte. La cosa había cambiado bastante, había bicis de monte, claro, pero también muchas urbanas y plegables ¡e incluso de carretera! Grrrrrrr! En fin, supongo que diversificar el negocio es más rentable y, en cualquier caso, han sido amables, he visto bicis hasta aburrirme y he salido con los pulmones llenos de ese tufillo inconfundible. Y me hacía falta, porque al salir de allí he salido con ganas de montar cuanto antes. Incluso he pensado que quizá algún día no estaría mal dar una vuelta en una mañana soleada por esta ciudad donde vivo y que tan poco me gusta. Y me alegro de que esas ganas de montar hayan vuelto, porque entre compras y celebraciones navideñas, este tiempo de mil demonios y unas cortas vacaciones fuera de Madrid sin la bici la verdad es que la tenía casi olvidada ¡Pero creo que mañana estreno la temporada! Os dejo, que voy a mirar si dan buen tiempo para estos próximos días… [Y sí, sé que la foto no viene a cuento, pero la hice hace unos días y me apetecía ponerla.]

Nuevos senderos…

My-backyardComencé el año de la mejor manera posible: rodeado de nieve y con un suculento plato de jabalí sobre la mesa el día de Año Nuevo. Primer día del año y rodeado de monte, bien alimentado y mejor acompañado. Eso sí, sin la bici: Picos de Europa en invierno no es un buen terreno, a menos que uno quiera pedalear hundido en la nieve o prepararse para la legendaria y lejana Iditabike, que se celebra en Alaska, como ya sabréis. La verdad es que tampoco apetece salir a pedalear cuando al otro lado de la ventana no para de nevar, la rayita del termómetro apenas es visible o sopla un viento gélido y cortante.  Una chimenea bien alimentada tampoco ayuda; cuando ahí fuera nieva lo mejor es permanecer cerca de ella el mayor tiempo posible. O esa es mi opinión. En esos días no vi ni un solo bicho por el monte, sólo huellas dispersas por ahí. En fin, la verdad es que ni me acordé de la bici.

Pero ya es tiempo de empezar a pensar en la temporada que viene. Los caminos se despejarán, los arroyos se deshelarán y el sol volverá a salir. El verde volverá al campo, las aves cruzarán el cielo en dirección Norte y, claro, ahí estaremos nosotros y nuestras bicis para verlo, como no podía ser de otra manera. En lo que a mí respecta, mi prioridad es mejorar de mi lesión, como ya os conté. Una vez superada, mis planes son muchos: lo primero que haré, para celebrar la completa recuperación de mi rodilla, será una megarruta, aunque todavía está por decidir el recorrido. Quizá la Transguadarrama, quizá Pirineos, quizá Picos de Europa, quizá alguna zona remota y poco transitada que todavía no conozca… En fin, ya veremos. Acepto ideas. Por lo demás, entre Enduro y Freeride intentaré mantener mi media de montar cuatro o cinco días a la semana, aprovechar el verano para subir todo lo posible a mi bikepark de confianza, añadir algún salto más a los senderos clandestinos por los que merodeo a menudo y, quién sabe, salir a algún bikepark del extranjero si todo cuadra. También intentaré hacer alguna ruta más que este año, que he andado un poco vaguete y he hecho pocos kilómetros cuesta arriba… afortunadamente.  En cualquier caso, espero acabar el año tan bien como empecé éste… o mejor. Os lo iré contando desde aquí. Saludos a todos desde mi sillón/sillín.

Planeta-mtb-n16No quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer a los chicos de la revista Planeta mtb el que en su último número (el 16)  hayan tenido la amabilidad de recomendar este blog. Gracias por vuestras palabras, que han sabido reflejar muy acertadamente el espíritu de estas “páginas”.

Las cosas cambian

chain-reaction-cyclesDurante años he tenido un tendero de confianza. Le he comprado bicis completas, cuadros, horquillas, componentes, ropa, herramientas, repuestos… en fin, todo lo que se os pueda ocurrir relacionado con la bici de monte. He visto cómo crecía su negocio, cómo ampliaba varias veces el local y cómo se casaba y tenía hijos. Cómo se divorciaba y se volvía a casar. He ido con él a carreras, de ruta, a hacer BMX e incluso he pasado alguna noche en su casa, por no hablar de las incontables ocasiones en las que he charlado con él sobre los más peregrinos temas. Conozco a su familia. Le quiero mucho, a pesar de que no nos vemos a menudo, y ha sido para mí un amigo, y lo sigue siendo, pero ya no es mi tendero. A mi nuevo tendero ni siquiera lo conozco. Jamás le he visto la cara, nunca he visitado su local y ni siquiera hablo su mismo idioma. Ni siquiera está en mi ciudad ni en mi país. Muchos ya sabréis de quién hablo: del Chain.

Chain Reaction Cycles es una empresa británica, lo cual es una buena noticia. Al no ser una empresa española, son serios, eficaces y rápidos, o al menos esa es mi experiencia. Justo ahora cumplen 25 años y, según se dice por ahí, lo que empezó siendo un pequeño negocio familiar se ha convertido en el más grande almacén mundial on-line de material relacionado con el mundo de la bici, en todas sus modalidades. Yo no puedo tener más que buenas palabras para ellos; empecé pidiéndoles unas cubiertas, para probar (y por el precio, costaban la mitad que aquí…) y ha llegado un punto en el que ya les pido los cables, las fundas de cambio, y hasta las cámaras de repuesto o la más insignificante de las piezas, pasando por ropa, DVD’s, repuestos, etc. Y nunca fallan. Así que ya no frecuento mi tienda de confianza. Y en absoluto echo de menos el ir de compras: acabé harto de casi nunca encontrar lo que buscaba, de perder horas guardando cola cada vez que iba a la tienda y de hacer viajes en balde, por errores y descuidos de unos o de otros, por no hablar de los precios habitualmente abusivos, qué os voy a contar… Es frecuente que, en el Chain, cualquier cosa relacionada con el ciclismo cueste la mitad de lo que cuesta aquí en España en cualquier tienda física, o incluso menos. En definitiva, que 1. ya hace unos meses que no veo a mi tendero y que, cuando le vea, será sólo para montar en bici juntos y 2. Si en el Chain ampliaran su oferta de marcas de bicis, es muy probable que la próxima se la comprara a ellos sin dudarlo. En fin, será cuestión de esperar…

Anatomía de la inquietud

En casaHace cierto tiempo, en una revista especializada, me publicaron un artículo sobre “el arte de caminar”. No lo titulé así; el título con el que apareció impreso fue Lo importante es moverse. En él mencionaba a una serie de autores que, a lo largo de la historia de la literatura de viajes, habían pontificado y hecho apología de lo que ellos consideraban un modo de vida: el desplazamiento continuo con la única ayuda de nuestras piernas. El artículo venía a decir algo así como que los baches son vitales y tonificantes, pues hacen que circule la adrenalina por nuestro torrente sanguíneo. Yo ni mencionaba ni pensé en la bici de monte mientras escribía aquel artículo, pero después me di cuenta de que todo lo que dije sobre el caminar era aplicable al pedalear. Al igual que  los caminantes,  los ciclistas de montaña (si es que se nos puede meter a todos en un mismo saco), tenemos especial predilección por “encontrar bajo los pies el granito del globo, cubierto de afilado pedernal”, en palabras del escocés Robert Louis Stevenson.

Yo no sabría decir si a mí me gusta pedalear, así, sin más. Llevo toda la vida haciéndolo aunque, si he de deciros la verdad, no sé muy bien por qué. Siempre lo he atribuido a una especie de “síndrome de piernas inquietas” que, de alguna manera, atribuyo a mi familia paterna. Mi abuelo jamás paró de caminar, hasta el punto de que si le hubieran cortado las piernas, estoy seguro de que se habría arrastrado con los muñones. Me gustaría pensar que lo último que pasó por su cabeza antes de descender hacia el frío fue algo así como “rayos, en el nicho no voy a poder menear las patas”. Nunca olvidaré las soberbias caminatas a las que le acompañé, de la misma manera que mi abuela nunca ha olvidado el tándem que él construyó a mano para los dos en la posguerra y con el que, al parecer, se hizo famoso en medio Madrid. Como no podía ser de otra manera, mi padre, a sus más de 60 años, también es un andarín de postín. Nunca le he preguntado la causa, pero la verdad es que el tipo no para quieto. Si hay alguna manera de hacerle feliz, es dejándole caminar sin preguntarle a dónde va. En realidad, creo que en la mayoría de los casos ni siquiera él lo sabe, aunque siente especial predilección por los Pirineos. En lo que a mí respecta, el problema se ha agravado: además de no ocurrírseme ningún plan mejor que vagar durante horas sin rumbo por bosques y peñas,  paso gran parte de mi tiempo sobre la bici de monte, preferiblemente a deshoras y cuesta abajo, acompañado o solo. ¡Y lo que es peor! Mi hermano, como ya os he contado en alguna ocasión,  padece el mismo mal. En definitiva, que no sé por qué pedaleo ni por qué camino ¿es ese gen de las piernas inagotables? ¿vestigios de un pasado nómada no tan lejano como pensamos? ¿bienestar físico? ¿o sólo placer estético? En fin, que en cualquier caso espero que no se gaste nunca la batería… Feliz 2010 para todos.

Una tarde extraña

www.mombat.orgEl viernes por la tarde iba a salir a entrenar un poco, pero no lo hice. El frío que caía sobre Madrid esa tarde, el cansancio acumulado de toda la semana y, para qué negarlo, las ganas de siesta, pudieron más que la (escasa) determinación que tenía de montar en bici. La imagen que tenía en la cabeza era verme a mí mismo de espaldas empujando la bici colina arriba y con un viento helado y cortante congelándome y volviendo torpes mis movimientos… La verdad es que según estaba tumbado en el sofá, después de comer, no hacía más que repetirme “tienes que salir a montar, Luis, tienes que salir, que hace una semana que no entrenas… tienes que salir… no te duermas…” Lo siguiente que recuerdo es abrir los ojos al anochecer al tiempo que en la pantalla de la tele descerrajaban un tiro a un diminuto pájaro que volaba a ras de suelo. Creo que era una perdiz. Supongo que era Jara y Sedal.

En fin, que como tenía la tarde libre y poco que hacer no se me ocurrió otra cosa que visionar una peli VHS que tenía por ahí guardada en algún sitio. Es una vieja cinta que he tenido mil veces en la mano y que mil veces he pensado en tirar, pero que al final siempre conservo. Lo hago porque contiene nada menos que los primeros Campeonatos del Mundo de bici de montaña, celebrados en la mítica Mammoth Mountain en 1989, hace ahora justo 20 años.  La peli perteneció a un viejo amigo, que al parecer la compró de saldo cuando ya estaba anticuada, ¿pudo ser en un VIPS?, no lo recuerdo bien, pero el caso es que ese viejo amigo dejó de montar, perdimos el contacto… y, pues eso, que la cinta sigue en mi poder. Le echo un vistazo de vez en cuando, porque es divertida, optimista y, claro, sorprendente. También porque es un pequeño homenaje a los oscuros orígenes de este deporte. Supongo que bastará con deciros que la única horquilla de suspensión la montaba Greg Herbold en su Koga Miyata. El resto compitió en la prueba de descenso, y en todas las demás, con bicis absolutamente rígidas. Por no hablar de cuadros casi todos de acero y con geometría más de carretera que de montaña, cascos con rejilla de lycra, rastrales y manetas de cambio por encima del manillar, entre otros inventos afortunadamente hoy caídos en desgracia.

Me moló volverla a ver, porque recordé nombres y caras ya olvidados como los de Tim Gould, Rishi Grewald o Don Myrah, que ganaría aquella carrera y se convertiría en el primer campeón del mundo oficial de XC, corriendo sobre una bici que es de verdad mítica, la Ritchey P-23, que le soldaba a mano el propio Tom Ritchey. En fin, por aquella época Tomac y Hans Rey gastaban melena rubia, Ned Overend aún parecía joven y Susan de Mattei empezaba a competir. Muchos veteranos en esto de la bici de monte sabrán de qué hablo. Así que al final fue una tarde bien aprovechada; ahí, en mi sillón de orejas, tapado con mi manta favorita y echando un vistazo atrás por el agujero de la cerradura. Larga vida al mountain bike.

Aire fresco

The-Coastal-Crew¿Conocéis a Dylan Dunkerton, Kyle Norbraten y Curtis Robinson? Pues bien, se trata de un grupo de chavales canadienses que, además de manejar la bici de monte con maestría, han montado una productora a la que han llamado Coastal Crew Productions (algo así como “Producciones del Equipo Costero”). En sus palabras, “No somos más que un grupo de jóvenes ciclistas de montaña que vivimos en la Columbia Británica, y que nos esforzamos por crear jugosos y fascinantes contenidos para los medios de comunicación especializados.” La verdad es que su producción, al menos de momento, es escasa, aunque tiene muy, muy buena pinta y es completamente diferente al resto de vídeos que circulan por ahí.  Quizá les hayáis visto ya, junto con otro rider llamado Kyle Jameson,  en la trepidante última sección del Kranked Revolve. Y si no, no dejéis de hacerlo, es una especie de coreografía con bicis de monte. Sí, tal como suena. Es hipnotizante como pocas.

Por lo demás, también se esfuerzan en mostrar cómo  es el estilo de vida de los freeriders de ese tierra fértil que es la costa occidental del Canadá; en sus cortos podemos verles en sus casas, en sus spots favoritos, o camino de ellos con las palas y la motosierra al hombro para dar forma a sus sueños más febriles. Al parecer, pasan por ser los mejores constructores de circuitos de su zona. A los tipos no les mola que sólo veas el DVD recién desembalado en el sofá de tu casa, también quieren que veas cómo se lo curran y lo que hay detrás de las cámaras. Ni siquieran han cumplido veinte años y ya son riders consumados, además de fotógrafos y camarógrafos expertos en el tema, como vais a comprobar. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Cuentan, además, con compinches del nivel de los también canadienses (como no podía ser de otra manera) Brandon Semenuk o Matt Hunter, entre otros. Como ellos dicen, “Nos gusta leer revistas de bicis, y discutir sobre longitudes de tubos o grados del ángulo de dirección, pero lo importante es montar. Preferimos pensar en cómo vamos a acabar ese salto que empezamos a construir hace dos semanas”. Me caen bien. Y la impresión que da todo esto visto desde aquí es que los pocos meses al año que sus caminos no están llenos de nieve… ¡estos tipos pillan la bici con más ganas que nadie!

Y no me enrollo más…  ¡Disfrutadlos!

http://www.vimeo.com/7779098 http://www.vimeo.com/7078973 http://www.vimeo.com/8132215

Calentamiento global

¡Agua!Aquí me tenéis, calado después de regresar de montar en bici en un día otoñal. Ha molado; la tierra estaba mojada, abundaban los  charcos y la bruma te humedecía la ropa a traición. He salido con la bici de freeride y, aunque el terreno estaba un poco lento, he disfrutado, porque en las curvas saltaba barro, las cubiertas agarraban tan bien que era posible coger los peraltes sin frenar y el viento era fresco. Ha sido inspirador. Y me hacía falta, porque ya hacía 15 días que no escribía una entrada para vosotros. Ya esta misma mañana, antes de empezar a montar, mi hermano me lo ha recordado: “¡Cabrón (sic), no has colgado nada nuevo en el blog!”. Un rato antes me había enviado un SMS que decía: “Oye, que no montamos ¿no? Hace un día de perros”  Mi respuesta ha sido fulminante: “Esto sería un día de verano en Canadá (que es la tierra prometida de todo freerider, como sabréis). Por supuesto que montamos.”  Ha surtido un efecto inmediato: poco tiempo después nos reuníamos al pie de una de nuestras bajadas favoritas bajo un cielo amenazante. Pero, a lo que iba, os pido discupas por mi tardanza en actualizar el blog. Supongo que es difícil escribir sobre bicis cuando, por culpa de una lesión, apenas montas.

En cualquier caso, y por increíble que parezca,  ya tenía ganas de salir a montar con mal tiempo. Sé que en otros lugares de la Península ya lleva lloviendo cierto tiempo, pero en Madrid en lo que llevamos de otoño ha llovido ¡cuatro días! Hasta hace quince, yo seguía montando en manga corta ¡en pleno mes de noviembre! La tierra continuaba seca, los caminos polvorientos y la vegetación agostada. Mi bici montaba aún las cubiertas para terreno seco. Daba pena ir al monte. Así que, por primera vez, yo, que siempre he detestado salir a montar con lluvia, empecé a notar cómo echaba de menos algo de frío, algo de niebla, que me salpicaran las gotas de lluvia por ahí, con la bici, en el monte. Estaba harto de tragar polvo y de sudar. Quería aire fresco. Y parece que, al menos por unos días, lo he conseguido, pero soy realista; me temo que el calentamiento global ha llegado para quedarse.

Crisis

SaludTengo que parar. Tendinopatía cuadricipital en la rodilla izquierda, eso me ha dicho el traumatólogo. Las molestias empezaron cuando la pasada Semana Santa me caí en una grieta al desmoronarse un puente de nieve que la ocultaba, en los Picos de Europa. Sin bici, claro. Tuve suerte, y aunque una pierna se me hundió hasta la cadera, la otra permaneció en la superficie y con ayuda de crampones y piolet  pude salir de aquella madriguera improvisada, por debajo de la cual pasaba un río de montaña. Iba solo, que es como en mi opinión se debe ir al monte. Era (es) un bonito lugar pero,  en fin, como consecuencia de aquello ahora ando sin tocar la bici. O casi, porque el fisioterapeuta me ha comentado que no es conveniente que deje de hacer completamente ejercicio para no perder masa muscular. Eso sí, mis salidas son ahora cortas, suaves y evitando el riesgo de caídas; la bici de Freeride sólo la miro de reojo… aunque me tienta; es mi favorita y ella lo sabe. Lo peor de todo es que no he conseguido librarme de la piscina, también por recomendación del fisio.

Así que ahora todos los días a la hora de la comida cojo mi mochila y me encamino a una clínica de rehabilitación y fisioterapia cercana a casa, donde durante 45 minutos un tipo sevillano de sonrisa sádica se encarga de que sude sangre (e incluso lágrimas) mientras me retuerce mis cuádriceps y mi maltrecha rodilla. Cuando le imploro clemencia sonríe y desvía la mirada. Es un pequeño apostol del mal, que es justo de lo que tiene pinta, pero, al menos de momento, confío en él.  Me quita mucho tiempo y energías acudir a diario a rehabitación, por no hablar de que salgo de allí molido, pero espero que merezca la pena y mi rodilla vuelva a ser la de antes. Mi traumatólogo amenazó con recurrir a infiltraciones si la terapia de rehabilitación no funcionaba. No sé muy bien lo que son, pero sólo con oír esa palabra pienso en agujas y la cabeza me da vueltas…

El caso es que ahora, cuando menos monto, es cuando más echo en falta la bici. Lo normal. La verdad es que últimamente andaba un poco vago, y cogía más la bici de Freeride que la de enduro, por no hablar de que no he hecho una ruta “tocha” en todo el año. La última la hice el año pasado en los Piris, esa que ya os medio conté. Mi rutina este año ha consistido en montar mucho en bajadas preparadas semicaseras y ocultas por ahí desperdigadas, subir durante todo el verano a mi bikepark de confianza (como también os conté en otra entrada) y en varias salidas semanales de una duración máxima de unas cuatro horas para mantener la forma física. Además de la tediosa piscina, claro, y de caminar por el monte, mi verdadera casa. No soy muy dado a celebraciones, pero creo que cuando esté recuperado lo voy a celebrar con alguna megarruta a algún lugar remoto y solitario… o mejor: con una botella de champán enfriada en algun arroyo de montaña… ¡Salud!

Tomaz-HumarDedicado a la memoria de Tomaz Humar, alpinista y “turista profesional”. Ljubljana, Eslovenia, 18 de febrero de 1969 – 10 de noviembre de 2009, Langtang Lirung (7.227m.), Nepal .

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